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12 junio 2016

EL FIN DEL MUNDO

     
                                                                               
                                                                       

                                                                           

Se dice que el futuro es de muerte, caos, desolación, confusión, dolor, hedor, cadáveres, chatarras, muerte y llanto...
                    En todo caso el causante del desequilibrio exterminador de nuestro Planeta será el mismo hombre. Ya es imposible hechar marcha atrás y seguir otra senda, ya hay raíces demaciado incrustadas que pasan a ser parte de esta sociedad, es un cáncer ramificado que ya no se puede erradicar, queda sólo esperar el deceso, excepto que ocurriera un milagro o la divinidad, el Cosmos o hermanos galácticos se apiaden de nosotros           
                                                 



Las autorizadas opiniones de un gran filosofo Español del siglo XX Julian María Aguilera, es importante tenerlas en cuenta.

Julián Marías Aguilera (Valladolid17 de junio de 1914 – Madrid15 de diciembre de 2005), doctor en Filosofía por laUniversidad de Madrid, fue uno de los discípulos más destacados de Ortega y Gasset, maestro y amigo con quien fundó en 1948 el Instituto de Humanidades (Madrid).
  Ensayista y filósofo, fue conferenciante en numerosos países de Europa y América y profesor en varias universidades de Estados Unidos. Su presencia en el mundo intelectual español ha sido constante: colaborador de relevantes periódicos, fue miembro de la Real Academia Española desde 1964 y senador por designación real entre 1977 y 1979. Presidió la Fundación de Estudios Sociológicos (FUNDES) [1] desde su creación en 1979 hasta que falleció. En 1996 se le concedió el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, compartido con Indro Montanelli.
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Julián Marías destaca en una generación de intelectuales del último período de entre guerras en Europa. Ese tiempo de destrucción marcó sus preocupaciones temáticas.

Su figura permite ser analizada desde muchos enfoques distintos, lo que demuestra que es un hombre rico como el diamante. Entre sus múltiples facetas, nos interesa una poco conocida, la de hombre de Fe. Y no de una Fe lejana, sino atrayente, como la que ilumina los temperamentos serenos de un hombre intelectual.


Existe un giro en su vida, recién fallecida su compañera de camino(su esposa), en que Julián Marías realiza una gran reflexión sobre la vida perdurable del hombre. El objeto de este artículo son las imágenes y conceptos que expresa sobre el Reino definitivo. En él nos hace una singular propuesta: Imaginarnos el Cielo.


Vemos que su propuesta es noticia cuando afirma que “para tener algo, hay que haberlo deseado previamente”.

La novedad es el movimiento
A diferencia de sus antecesores, no se refiere al ser de las cosas, a su naturaleza. Cuando las explica, siempre lo hace en términos de movimiento. Así sus ideas nos hablan de dinámicas y proyectos. Este enfoque lo heredó de su maestro, Ortega y Gasset.

El Cielo será un mundo
  En el Cielo viviremos una vida corporal y mundana, porque será en un mundo. Hay que señalar que Marías no muestra una conciencia de la ruptura escatológica, aunque su descripción cumple la finalidad de imaginar para desear.

Dice san Juan que vio “un cielo nuevo y una tierra nueva”. Concretamente habla la Escritura de una ciudad: la “nueva Jerusalén”.

    En el Cielo habrá relaciones interpersonales

También explica qué cosas y qué personas hallaremos dentro del mundo que imagina. Para empezar, en él encontraremos a los seres queridos. Precisamente ese amor nos proyecta también a la vida eterna.

No vagaremos flotando de forma espectral. “Dios nos conocerá por nuestro nombre”. Péguy, también conocido por sus seudónimos Pierre Deloire y Pierre Baudouin (Orleans, Loiret; 7 de enero de 1873 - Villeroy,Sena y Marne; 5 de septiembre de 1914), fue un filósofo, poeta y ensayista francés, considerado uno de los principales escritores católicos modernos) : “En mi Paraíso, habrá cosas”.


     Un Cielo de cantantes, jardineros, madres de familia
En la nueva vida, seguiremos ejerciendo nuestras profesiones. “Eso lo tengo claro en las actividades vocacionales”. Así un labrador, una madre de familia. “Si no, no sería nuestra vida”.
La edad que tendremos en el Cielo
A continuación, Julián Marías llega a imaginar la edad tendremos en el Cielo. Para ello disiente de muchos teólogos que indican una edad fija – la de Cristo, la edad en que morimos o 40 años-. Esto se debe según nos deja intuir, a que el profesor quiere ver a un niño.

      Por ello afirma “si tomáramos en serio a esos teólogos, en el cielo no veríamos al Niño Jesús”. Si consideramos cuánta gente se ha acercado a Cristo por medio de Dios hecho ternura, no poder verlo ¿qué sentido tiene?
Nuestras edades serán acumulativas, sucesivas. ¿Por qué no se van a conservar las edades en la otra vida? “Sería una carencia”, motiva. Así la vida humana es sucesiva. Se es niño, luego joven, adulto maduro, viejo. Los padres nos alegramos al ver crecer a los hijos, pero echamos de menos al bebé de seis meses o al niño de seis años.
El Génesis narra la Creación del hombre con el verbo “hagamos” (Gen 1-26). Muchos teólogos han visto en el plural de hagamos la referencia a la Trinidad de Personas que hay en Dios. Julián Marías en cambio está atento a la gramática. Hagamos implica un futuro: Vamos haciendo, iniciemos la empresa.

   El hombre es un proyecto en la Historia y así fue pensado por Dios. Aunque en el Cielo no haya tiempo, el hombre es esencialmente histórico. Entonces, “¿no sería un gigantesco desperdicio haber creado la humanidad en condición histórica para destruirla después?” Es una posibilidad que no merece ni pensarse- apostilla.

   Imaginar el Cielo con personas en edad plural, le permitía no sólo desear ver al niño Jesús, sino también a su mujer, a un hermano y a todos los amores limpios que suele acumular una persona a lo largo de su vida.
La novedad de Julián Marías, más allá de los contenidos que explica, se encuentra en las formas que utiliza para desarrollarlos. Se dirige a la gente de su época, rodeada de una cultura dinámica y visual. Su grandeza sin comparación es haber explicado con un lenguaje convencional que con la muerte no se acaba todo, sino que hay una resurrección del hombre corporal, al que le aguarda el Cielo. Y este mensaje es siempre de necesidad urgente y que se difunda.


Un Obispo, Monseñor Carlos González Cruchaga decía:

   "No debemos tener miedo a la muerte,ni pena por los que mueren, piensen ustedes que, el Cielo está lleno de amigos, familiares y todos nuestros seres queridos que ya han partido".-

   Estar esperando la venida del Comandante Ashtar, sino cambiamos nuestras actitudes, aunque seamos transportados con nuestras mascotas y enceres a otro planeta, seguirán igual nuestras calamidades, el cambio ha de ir en el alma, en el espíritu.

    Después de la Hecatombe se cree que vendría la limpieza final, el agua barrerá por siglos los cadáveres, las chatarras humanas y de toda índole, las riquezas del avariento donde las pobrezas del harapiento reluciran como el oro en las aguas tumultuosas del enfurecido mar que prepara y limpia el Planeta por miles de años para posteriormente dar paso a otra futura generación de humanos.-

                                            





                                                             

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